Qué es un chollo y qué no
Un chollo es comprar por debajo de lo que esa cosa suele costar. Todo lo demás que se anuncia como tal, no lo es. No es un porcentaje grande, ni un cartel llamativo, ni un contador en rojo.
La diferencia importa porque los tres últimos se pueden fabricar y el primero no. Cualquiera puede enseñar un descuento del setenta por ciento sobre un precio que nadie ha pagado nunca. Nadie puede fabricar que un producto esté por debajo de su precio habitual sin bajarlo de verdad.
El precio anterior tiene una definición legal
Desde que el Real Decreto-ley 24/2021 transpuso la Directiva Ómnibus, cuando un comercio anuncia una rebaja tiene que mostrar el precio anterior. Y ese precio anterior no lo elige la tienda: la ley lo define como el importe más bajo que ese mismo comerciante haya aplicado a ese mismo producto durante los treinta días naturales previos.
Eso elimina el truco más burdo, que era subir el precio la semana antes para poder anunciar después una caída espectacular.
Lo que no elimina es todo lo demás. La ventana son treinta días, así que un movimiento anterior queda fuera. Y que el precio anterior sea correcto no significa que el precio de ahora sea bueno.

Tres señales de que estás delante de uno de los chollos buenos
La primera es que el precio lleve tiempo donde está. Si has visto ese producto durante unas semanas y el número de hoy es más bajo que todo lo que viste, es un chollo. Sin ese histórico estás adivinando.
La segunda es que la comparación sea contra lo que cobra esa tienda, no contra un precio recomendado de catálogo. Cuando el descuento se calcula sobre una referencia teórica, el porcentaje puede ser enorme y el ahorro cero.
La tercera es que el precio final aguante hasta la pantalla de pago. Envío, condiciones de entrega y cargos añadidos forman parte de lo que sales pagando, y hay ofertas que dejan de serlo en el último paso.
La trampa que más dinero cuesta
Un descuento sobre algo que no ibas a comprar no es un ahorro, es un gasto con rebaja. Es la más simple de todas las trampas y es la que más se lleva por delante, porque no la desactiva ningún conocimiento sobre precios.
La única defensa que funciona es haber decidido antes qué quieres. Si el producto estaba en tu lista, el descuento es una buena noticia. Si aparece por primera vez dentro de la campaña, lo que ha ocurrido es que te han vendido algo.
Cazar chollos o esperarlos
Cazar chollos significa mirar mucho y decidir rápido. Es entretenido, quita tiempo y te expone justo a la trampa anterior, porque cuanto más miras más cosas encuentras que no sabías que querías.
Esperarlos es al revés. Decides primero qué quieres, apuntas a qué precio te parece bien, y dejas que el descuento venga a ti. Con el calendario comercial liberalizado desde 2012, cada comercio rebaja cuando quiere, así que siempre hay una siguiente ocasión.
El segundo método es más aburrido y ahorra bastante más.
Lo que hace falta para poder esperar
Esperar solo funciona si el producto está guardado en algún sitio al que vuelvas sin esfuerzo. Si está en los favoritos de una tienda, en una captura de pantalla y en un enlace que te mandaste a ti mismo, no vuelves.
Spaidoo reúne en una sola lista productos de tiendas distintas. Con todo en el mismo sitio, comparar precios de productos que están en comercios diferentes deja de ser una tarea y pasa a ser un vistazo de treinta segundos desde el móvil.
Y ahí es donde los chollos se reconocen solos, porque ya sabes cuánto costaba eso la semana pasada.

Dónde suele haber chollos de verdad
- En los modelos que están siendo sustituidos.
- Cuando una gama se renueva, la versión anterior baja sola y sin que nadie tenga que anunciarlo.
- En el producto de temporada fuera de su temporada.
- Comprar abrigos en marzo es incómodo y es la forma más previsible de pagar menos.
- Y en los periodos muertos del calendario comercial, cuando no hay campaña y nadie está mirando.
- Ahí es donde bajan los precios sin cartel.



